Un fichaje que tardó un año en llegar
Cristian Romero ya es jugador del Atlético de Madrid. El club lo hizo oficial el 15 de agosto: contrato de cinco temporadas, hasta junio de 2031. Ninguno de los dos clubes ha comunicado la cifra del traspaso, pero las informaciones sobre el acuerdo entre clubes, de Sky Sports entre otros, hablan de unos 40 millones de euros, variables incluidas.
Esta historia viene de lejos. El Atlético ya fue a por el Cuti el verano pasado, pero la negativa del Tottenham a vender y su alta valoración lo impidieron. Romero renovó hasta 2029 y el asunto parecía cerrado. Pero este verano, con el Inter moviéndose primero y más nombres sonando, varios medios coinciden en que el destino por el que empujó el argentino al final fue el Atlético. Y Diego Simeone, por su parte, llevaba tiempo empujando por el fichaje. El Cholo nunca escondió su admiración y llegó a declararse "un gran admirador" suyo cuando se cruzaron en Champions. Un entrenador que espera un año para volver a por su central, y un central que, con alternativas sobre la mesa, eligió jugar a sus órdenes. Historias así ya no abundan en el mercado.
Capitán de un barco que se hundía, y no se calló
El último año de Romero en Londres fue seguramente el más duro de su carrera. El Tottenham levantó la Europa League en mayo de 2025 siendo, a la vez, decimoséptimo en la Premier aquella misma temporada. La 2025-26 no trajo la recuperación: el equipo pisó puestos de descenso en primavera y no selló la permanencia hasta la última jornada, ante el Everton.
En medio de todo aquello, Romero señaló públicamente al club en dos ocasiones. Tras una derrota ante el Bournemouth escribió en Instagram que "en momentos así deberían salir a hablar otros, pero no salen", y aunque en enero llegaron refuerzos como Conor Gallagher, la plantilla, arrasada por las lesiones, seguía cortísima: al cerrarse el mercado calificó la situación de "vergonzosa". Thomas Frank reconoció que él "no lo habría hecho", pero no le quitó el brazalete. Después, con un cambio de técnico por medio, se lesionó la rodilla el 12 de abril contra el Sunderland y su temporada de club terminó con la pelea por la permanencia aún abierta.
El Atlético recibe, por tanto, a un central de 28 años que aguantó en primera línea el derrumbe de su equipo. Cada uno puede leerlo como quiera. Pero pudiendo callarse y cobrar, eligió hablar sabiendo lo que le iba a caer. Eso también dice mucho de su carácter.
Duelos, pase interior y voz
En el campo, Romero es un central que defiende hacia adelante. No espera al delantero: salta a robar en el momento en que sale el pase. En el Atalanta fue elegido mejor defensa de la Serie A y en la 2020-21 lideró la liga con 96 intercepciones, y esa forma de defender hacia adelante no ha cambiado en la Premier.
Para este Atlético importa igual lo que hace con el balón. Lo suyo no es la circulación lateral de seguridad: su sello es el pase interior entre líneas. En el Tottenham arrancaba ataques desde atrás, conduciendo y metiendo el balón dentro, y el propio Simeone ha destacado públicamente su capacidad con el balón. Quien haya sufrido las tardes de ataque estático de este equipo entiende por qué ilusiona que cambie la calidad del primer pase desde la defensa. Y para ser central suma goles: siete en las dos últimas temporadas.
Queda lo de fuera del césped. Romero es titular de la Argentina campeona del mundo en 2022 y de dos Copas América, y ha llevado el brazalete en su club. Morten Hjulmand, otro refuerzo de este verano, fue capitán en el Lecce y en el Sporting. Un equipo con esos dos ordenando el eje, uno atrás y otro en la medular, puede ser otra cosa. Egoístamente, ojalá no paren de hablarse.
Vale para línea de cuatro y para línea de cinco
Hay un detalle táctico que se pasa por alto: Romero lleva años rindiendo al máximo nivel tanto en defensa de tres como en defensa de cuatro. En el Genoa jugó en la derecha de un trío, en el Atalanta de Gasperini se consagró como central del medio de la línea de tres, con Conte ocupó la derecha del 3-4-3 y luego sostuvo el eje de la línea adelantada de Postecoglou en defensa de cuatro. Son formas de defender muy distintas, y en las dos mantuvo el nivel.
A este Atlético le viene de maravilla. Aunque el dibujo de partida sea un 4-4-2, es un equipo que, según el rival y el momento, baja al interior derecho hasta la línea para defender con algo muy parecido a una zaga de cinco. En una zaga de cuatro que en algunos tramos se transforma en casi cinco sin balón, un central que no pierde sus referencias al cambiar el dibujo vale mucho. Con David Hancko cubriendo el lateral izquierdo, Marc Pubill doblando en el derecho y Romero cómodo en la derecha de tres o de cuatro, el Cholo puede elegir el dibujo según el rival.
La verdadera duda es la disponibilidad
Las reservas merecen su propio espacio. La mayor es la disponibilidad. Romero acumula 58 partidos oficiales en las dos últimas temporadas según los registros de su club. La lesión de rodilla de abril terminó con su temporada en Londres; llegó a tiempo al Mundial, volvió a sentir esa rodilla contra Austria durante el torneo y se retiró en el minuto 70 de la final perdida ante España. Nadie puede garantizar que aguante un calendario de Liga, Champions y Copa. A precios de hoy, los 40 millones de los que habla la prensa tienen pinta de buen precio, pero solo si se mantiene en el campo semana tras semana.
¿Y la disciplina? Cuatro expulsiones en la Premier y una cuenta de tarjetas que le acompaña desde siempre. Aun así, esa agresividad es el combustible de su defensa, y sin ella sería otro jugador, peor. Lo de provocar al rival no es para aplaudir, pero que la sangre salga en la dirección correcta.
La jerarquía y el sitio de Giménez
Con Romero, la jerarquía de los centrales se reordena. Lo natural es un eje de Hancko, Robin Le Normand y Romero, con Pubill doblando en la derecha. El que queda desplazado es José María Giménez, trece años de servicio. La prensa lo sitúa al fondo de la rotación y habla de una posible salida, aunque el propio Giménez asegura que todavía no ha hablado formalmente con el club sobre su futuro; nada está decidido.
Lo digo con cariño: lo mejor sería que se quedara a sostener la rotación. Pero, siendo sincero, el fuego y el liderazgo que un día esperé de él llevan tiempo sin verse en el césped. El relevo generacional siempre duele, y lo que traen Romero y Hjulmand es justo lo que siempre quise que el propio Giménez llegara a darle a este equipo.
La última pieza de la reconstrucción defensiva
Basta alinear las llegadas de los últimos años: Le Normand, Hancko, Pubill, y este verano Alejandro Grimaldo y Romero. Puestos uno al lado del otro, queda claro que la última línea se ha rehecho en calidad y en fondo de armario. Los equipos de Simeone se construyeron siempre desde la intensidad defensiva, y sobre ese cimiento se apilaban los puntos. En las últimas temporadas, lo que temblaba era el cimiento.
Romero puede ser la última pieza de esa obra. Riesgos hay: su disponibilidad es una incógnita y 40 millones por un jugador de 28 años no se recuperan en reventa. Pero un defensa de este nivel, capaz de cambiar el ataque con su pase y de ordenar al equipo con su voz, ha querido venir, a este precio y por voluntad propia. La expectativa pesa más que el riesgo. Ganas de verlo mancharse la camiseta en el Metropolitano.
Fuentes
- Anuncio oficial del Atlético de Madrid (15 de agosto de 2026)
- Sky Sports (información sobre el acuerdo entre clubes, agosto de 2026)
- The Guardian (publicaciones de Romero en redes de febrero de 2026 y fichajes de enero)
- ESPN (crónica del Sunderland 1-0 Tottenham del 12 de abril de 2026; cambio por molestias en la final del Mundial 2026)
- Lega Serie A / Atalanta oficial (mejor defensa de la Serie A 2020-21)
- Tottenham Hotspur oficial (registros de partidos y contrato anterior hasta 2029)
- Diario AS (información sobre la situación de Giménez, agosto de 2026)